martes, 15 de julio de 2008

La cueca, nuestra cueca

Para algunos, el “alma” nacional; para otros, un baile aburrido y monótono que sólo amerita soportarlo un 18 de septiembre; para los nuevos jóvenes, una instancia donde respirar libertad. En fin, resulta innegable que la cueca, vilipendiada y adorada al mismo tiempo, es una manifestación cultural omnipresente en cada uno de los que pisamos este alargado terruño.

Esa irrefrenable pasión que derrochan quienes realmente sienten en la piel la cueca, no había permitido detenerse a pensar en sus implicancias dentro de la sociedad, su relación con la identidad y las diversas formas que adquiere en cada rincón específico de nuestro Chile.

Con ese objetivo en mente, nació la idea de organizar un ciclo de conversaciones sobre la cueca en la Biblioteca Nacional. Gran mérito, por cierto, recae en Karen Donoso, Licenciada en Historia de la Usach: se esmeró, consiguió a los panelistas, moderó la jornada y más encima la difundió por sus propios medios junto al Archivo de Literatura Oral.

Habría que decir también que la iniciativa se explica por el progresivo interés de cientos de jóvenes que concurren en masa a disfrutar de los “cuecazos” que tienen lugar en restaurantes y locales capitalinos como “El Chilenero” y “El Huaso Enrique”, un fenómeno, sin duda, digno de análisis.

Distinguidos invitados, extractos de material audiovisual, debates concienzudos pero a la vez aterrizados, preguntas con y sin respuestas, música, pañuelos y caras sonrientes fueron parte del sugerente cóctel que ofrecieron las cuatro jornadas de reflexión.

El valor de la cueca urbana

Sin la más mínima intención de extenderme en el tema, quisiera compartir algunos de los puntos más relevantes que hablaron los participantes y que me parece atendible reseñar.

Uno de ellos, me parece, lo aportó la estudiante de Historia de la PUC, Araucaria Rojas, en cuya intervención delineó parte de su investigación sobre la cueca durante la dictadura militar reciente. Muy interesante porque durante este período de nuestra historia, puntualmente el 18 de septiembre de 1979, fue declarada “danza nacional” a través del decreto ley Nº 23.

Lo anterior no deja de ser relevante pues a partir de esta normativa, se produjo una reedición y reafirmación de la llamada “cueca huasa” (fortalecida durante el régimen de Carlos Ibáñez del Campo en 1927) que propendía a una “estilización y falsificación de lo popular”.

Visto de esta manera, la cueca se convirtió en un “paradigma de la chilenidad”, dice la autora, borrando de cuajo las identidades múltiples que ella convoca según la diversidad y riqueza cultural que emana de nuestro territorio.

La esquematización y monotonía en que cayó la cueca, con pasos bien calculados, atuendos postizamente recargados y consignas más bien patrioteras, terminó por arrebatarle su embrujo de antaño, alterando su esencia de ancha libertad que en otras épocas inspiraba.

Por esto mismo, otro panelista, el gran cultor Mario Rojas, ha sostenido en reiteradas oportunidades que este decreto aniquiló el verdadero sentido de la cueca.

“La chilenidad no es sólo la cueca”, “la cueca no debe ser asociada a los emblemas”, “la cueca ha jugado un rol en la chilenidad pero no obligadamente debe ser representada a Chile”, “uno no es menos chileno porque no le guste la cueca”, fueron algunas de las frases que tiró sobre la mesa el creador del sitio www.cuecachilena.cl.

Por último, dos cosas que me parece prioritario mencionar sobre la jornada de cierre del viernes 11: la peculiar situación de los realizadores Carlos Saravia y Luis Parra con su serie de documentales “La cueca es brava” y la intervención magistral del musicólogo Rodrigo Torres Alvarado.

Resulta que la productora “Ganso Cojo” –administrada por Saravia, Parra y otros dos colaboradores- realizó un trabajo extraordinario (con apoyo del Fondo de la Música) donde se internan en lo más hondo del espíritu popular para rescatar la vida y entorno de 16 grupos cuequeros de Santiago y Valparaíso en 12 capítulos. ¿El problema? Sólo puede ser exhibido por la señal internacional de TVN y está denegado para la televisión abierta. Insólito.

Las palabras finales no son sólo de respeto, sino de admiración hacia la obra de un tremendo estudioso, un musicólogo de renombre que tuvo la dicha de compartir amistad con dos de los máximos referentes de la cueca en Chile, como son Hernán “Nano” Núñez y Roberto Parra. Él es Rodrigo Torres Alvarado, quien en su alocución analizó la vertiente urbana de esta expresión musical en el convulsionado Santiago.

El musicólogo de la U. de Chile aseguró que este cúmulo de jóvenes ávidos por reanudar el espíritu libertario de este “género” es el reflejo de “una nueva escena cuequera en Santiago”. Una hornada de “neocuequeros” que rebasaron “el canon oficial folclorizado” y crearon una cueca ciudadana, liberada de los amarres que la propia dictadura quiso perpetuar. Una especie de “neotribalismo contemporáneo” donde el eje está puesto en lo artístico-festivo.

Así, Torres califica a este “movimiento” como "uno de los procesos más singulares del fenómeno musical chileno post-dictadura”. Una frase a todas luces concluyente respecto a la revitalización de la cueca por parte de las nuevas generaciones.

Una jornada de clausura impecable para una iniciativa que sin apariciones mediáticas ni nada por el estilo, permitió develar muchos de los misterios que encierra, querámoslo o no, nuestra danza nacional, ante lo cual no queda más que agradecer.

2 comentarios:

Karen dijo...

Cristián... bueno, en primer lugar muchas gracias por haber asistido al ciclo, y en segundo lugar, gracias por tu escrito... Pasaron cosas muy interesantes y emocionantes durante el ciclo, y seguimos trabajando para que se pueda difundir un poco más, que quede un registro, una fuente, algo

Cada día me convenzo más que los clichés "nadie tiene memoria", "nadie en este país quiere su cultura", y otras mas que se escuchan por ahí, ya no tienen fuerza. Sigamos remando pa'l mismo lado!

Un abrazo, nos hablamos...

Milay dijo...

sabes? es complicado el tema jeje. Es tal la variedad a lo largo de nuestro pais en materias de música y folcklore, que en realidad la que menos se disfruta es la cueca, y apesar de que a mí me parece muy buena, me quedo con las tonadas. es como el debate que sostienes con tu padre, cierto?
Agregando, por cierto, la poca educación que existe al respecto, sólo escuchamos cueca para el 18, y cuando estabamos chicos, nos la hacían bailar en el colegio. Y nace , ese concepto de una cueca aburrida, sin ritmo...
Insisto que a mi me gusta, pero no esa cueca falsa, esa casi burguesa, me quedo con la cueca más picante, más sabrosa, esa q te hace llorar, o reir, q se te queda pegada como película de tanto imaginar sus historias.
sabroso texto por cierto.
Un abrazo.